Cuerpo humano


Llorar

¿Por qué lloramos?

Al llorar por cuestiones emocionales, nos liberamos de componentes químicos, que al acumularse, producen una depresión emocional (estos componentes son: el manganeso y la hormona prolactina).
Luego de llorar, sentimos un alivio.  El exceso de estos componentes que se acumulan se expulsa mediante las lágrimas. Este proceso lo genera el cerebro al estimular el nervio craneal mediante neurotransmisores, lo cual produce que las glándulas lacrimales expulsen lágrimas.

Tanto las lágrimas emocionales, como las reflejas (las que actúan en defensa de factores externos tales como cortar una cebolla o algún objeto que pueda ingresar en los ojos), son producidas por la glándula lacrimal principal, y se cree que en tiempos de estrés, esta glándula es vital para eliminar hormonas y elementos químicos excesivos.
En varios estudios, se les ha inyectado adrenalina a varios pacientes, los cuales han declarado tener ganas de llorar, por lo cual, se comprueba que mediante esta glándula, se regula la cantidad de químicos y hormonas que sobran en el cuerpo.

El ser humano es el único animal que libera lágrimas al pasar por estados fuertes emocionales. Las lágrimas suelen verse en mayor medida en las mujeres, pero el proceso físico y químico que producen para el cuerpo es importante para ambos sexos en igual medida.

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Si la experiencia funcionó, la mayoría de ustedes habrá tenido la sensación de que se les hacía agua la boca al ver la foto de la torta. Y es que el uso de esta frase, no es sólo una convención social para indicar que nos gusta el alimento que estamos viendo o en el cual estamos pensando, sino que posee un fundamento y razón de ser científica.

Al ver, oler o pensar en cualquier comida, se desencadenan en nuestro organismo una serie de reacciones que son las causantes de este fenómeno. Excitado por un estímulo externo, el cerebro a través del sistema parasimpático (ese que también nos hace ponernos colorados), genera una respuesta que es enviada mediante impulsos nerviosos hacia las glándulas salivales. Estas comienzan a secretar una mayor cantidad de saliva dando como resultado la sensación de que se nos hace agua la boca.

Los seres humanos contamos con dos tipos de glándulas salivales, denominadas menores y mayores. Las primeras son muy pequeñas y numerosas, se encuentran repartidas en la mucosa bucal y cada una posee su propio conducto de salida de secreción salival. Por otra parte, existen tres pares de glándulas salivales mayores: las parótidas, que se ubican debajo y delante de las orejas (su infección virósica es la famosa papera); las submaxilares, situadas en la parte interna de la mandíbula; y las sublinguales, bajo la lengua.

La saliva es un líquido incoloro compuesto en un 95% por agua y en un 5% por sustancias como potasio, sodio, calcio, magnesio, bicarbonato, fosfato, encimas (amilasa y lisozima), proteínas y mucina (el ingrediente principal de el famoso y poco apreciado moco!). Todos estos componentes cumplen funciones fundamentales en el correcto funcionamiento de nuestro organismo, de allí la importancia esencial de la producción de saliva.

Las glándulas salivales de un adulto producen por día entre 1 litro y 1.5 litros de saliva. Su elaboración en exceso se denomina sialorrea, aunque su aparición es menos frecuente que la hiposialia o síndrome de la boca seca, haciendo referencia a la baja producción salival. Ambas disfunciones son consecuencia de alguna inflamación, malformación, quiste o tumor en las glándulas salivales.

Las principales funciones de la saliva son:

  1. Comenzar la digestión de la comida. La amilasa es la encargada de transformar el almidón e hidratos de carbono presentes en los alimentos, para que el cuerpo pueda asimilarlos. Además favorece la deglución y masticación ayudando a la formación del bolo alimenticio.
  2. Equilibrar el ácido (pH) presente en la boca y mantener la mineralización de la dentadura (de otra forma se nos pudrirían los dientes).
  3. Lubricante. De esta manera nos permite hablar, besar y hasta tocar un instrumento de viento.
  4. Higiene. Mantiene la boca limpia, ayudando a que las partículas de comida no queden entre los dientes.
  5. Antimicrobiana. Posee sustancias defensivas provenientes del sistema inmune, que combate los gérmenes
  6. Favorece la coagulación promoviendo la formación de vasos sanguíneos (es verdad que hay que ponerse saliva cuando tenemos una herida!)
  7. Permite la detección de huellas genéticas para identificar criminales o determinar la paternidad de un sujeto.

manos arrugadas

Cuando era chica mi mamá tenía dos grandes excusas que siempre utilizaba para mantenerme alejada del agua. Para evitar que le impidiera dormir la siesta tranquila, el pretexto era que después de comer había que esperar dos horas para meterse en la pileta, sino se me cortaba la digestión e iba a tener un gran dolor de panza; para que saliera, la excusa era que si me quedaba más tiempo mis manos y pies iban a quedar para siempre arrugados.

Hoy por algún motivo vinieron a mi mente las imágenes de aquella época, y el recuerdo de mi madre y sus excusas movilizaron mi curiosidad. Nunca antes me había preguntado el por qué de las arrugas en manos y pies después una prolongada inmersión bajo el agua. En cuanto a la excusa de la digestión estoy segura de que todos alguna vez la escuchamos, pero esa averiguación quedará para otra entrada.

El efecto “pasa de uva” en manos y pies, es exclusivamente responsabilidad del entorno húmedo y de la estructura interna de la piel. El gran órgano que nos recubre totalmente por fuera, está compuesto por tres capas principales: la epidermis, la dermis y el tejido subcutáneo (de acuerdo al orden que las encontramos de afuera hacia adentro). La dermis y la epidermis están unidas pero no completamente pegadas. Cuando nos duchamos o sumergimos en la pileta, gran parte del agua es absorbida por la piel y se ubica entre los espacios existentes entre ambas capas. Es de esta manera, que se forman las pequeñas montañas y surcos que producen un efecto arrugado en la piel.

Manos y pies son las partes del cuerpo en las que se produce el mayor desgaste y en donde encontramos mayor cantidad de células muertas y queratina (una sustancia proteica, muy rica en azufre, que constituye el componente principal de las capas más externas de la epidermis y la protege), por lo que la piel en ambas zonas es bastante más gruesa. Como consecuencia las montañitas y los surcos se hacen más evidentes que en otras partes del cuerpo. Una vez que nos secamos, el exceso de agua se elimina volviendo manos y pies rápidamente a la normalidad.