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Si la experiencia funcionó, la mayoría de ustedes habrá tenido la sensación de que se les hacía agua la boca al ver la foto de la torta. Y es que el uso de esta frase, no es sólo una convención social para indicar que nos gusta el alimento que estamos viendo o en el cual estamos pensando, sino que posee un fundamento y razón de ser científica.

Al ver, oler o pensar en cualquier comida, se desencadenan en nuestro organismo una serie de reacciones que son las causantes de este fenómeno. Excitado por un estímulo externo, el cerebro a través del sistema parasimpático (ese que también nos hace ponernos colorados), genera una respuesta que es enviada mediante impulsos nerviosos hacia las glándulas salivales. Estas comienzan a secretar una mayor cantidad de saliva dando como resultado la sensación de que se nos hace agua la boca.

Los seres humanos contamos con dos tipos de glándulas salivales, denominadas menores y mayores. Las primeras son muy pequeñas y numerosas, se encuentran repartidas en la mucosa bucal y cada una posee su propio conducto de salida de secreción salival. Por otra parte, existen tres pares de glándulas salivales mayores: las parótidas, que se ubican debajo y delante de las orejas (su infección virósica es la famosa papera); las submaxilares, situadas en la parte interna de la mandíbula; y las sublinguales, bajo la lengua.

La saliva es un líquido incoloro compuesto en un 95% por agua y en un 5% por sustancias como potasio, sodio, calcio, magnesio, bicarbonato, fosfato, encimas (amilasa y lisozima), proteínas y mucina (el ingrediente principal de el famoso y poco apreciado moco!). Todos estos componentes cumplen funciones fundamentales en el correcto funcionamiento de nuestro organismo, de allí la importancia esencial de la producción de saliva.

Las glándulas salivales de un adulto producen por día entre 1 litro y 1.5 litros de saliva. Su elaboración en exceso se denomina sialorrea, aunque su aparición es menos frecuente que la hiposialia o síndrome de la boca seca, haciendo referencia a la baja producción salival. Ambas disfunciones son consecuencia de alguna inflamación, malformación, quiste o tumor en las glándulas salivales.

Las principales funciones de la saliva son:

  1. Comenzar la digestión de la comida. La amilasa es la encargada de transformar el almidón e hidratos de carbono presentes en los alimentos, para que el cuerpo pueda asimilarlos. Además favorece la deglución y masticación ayudando a la formación del bolo alimenticio.
  2. Equilibrar el ácido (pH) presente en la boca y mantener la mineralización de la dentadura (de otra forma se nos pudrirían los dientes).
  3. Lubricante. De esta manera nos permite hablar, besar y hasta tocar un instrumento de viento.
  4. Higiene. Mantiene la boca limpia, ayudando a que las partículas de comida no queden entre los dientes.
  5. Antimicrobiana. Posee sustancias defensivas provenientes del sistema inmune, que combate los gérmenes
  6. Favorece la coagulación promoviendo la formación de vasos sanguíneos (es verdad que hay que ponerse saliva cuando tenemos una herida!)
  7. Permite la detección de huellas genéticas para identificar criminales o determinar la paternidad de un sujeto.
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